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jueves, 11 de junio de 2015

Bujdur: Baile, cocina, despedida



26 y 27.03.2015
Mañana hacemos una comida de despedida. Aziza, Jalima, Abderrahman,  hermanos pequeños de Shabu, junto con un primo de ellos, están en mi cuarto, que es un salón, y ponen música saharaui para bailar. Aquí que no hay alcohol, que la gente no sale a cafés, pubs o discotecas, el baile es una dulce y divertida forma de despejar las tensiones y recuperar el humor.

No es la primera vez que bailo con la familia. Nos reímos mucho con mi torpeza. Pero esa gracia femenina de Aziza, de Jalima y de la prima Jira que acude a ratos desde la cocina, me dejan fascinado. Es como un andar adornado de sugerentes “arabescos” que complementan muy bien los movimientos parcos y vigorosos de los hombres. La voz melancólica de los cantantes y las quejas dulzonas que arrancan las cuerdas de los hajoujs (primitivos laúds beduinos) me transportan directamente a las fogatas nocturnas del desierto. Pena de no haberlo vivido allí.

Rendidos, acaban por sobre la alfombra y sigo alucinando, encantado con con la familiaridad con que se quedan tumbados por un rato, allí, en el mismo cuarto que yo duermo. Y mientras, Duaya, Shabu y Jira han estado limpiando el servicio de té y preparando la comida, que continúan por la mañana. Sidahmed, el mayor de los hermanos que viven con la familia, les ayuda a desmenuzar la carne que guisan en grandes hoyas esféricas tapadas con bolsas.

El espectáculo del día 27 es precioso, por la variedad y atractivo de los platos. Cuánto lamento que la familia no se siente a comer con nosotros. Porque es costumbre que quien invita (en este caso yo) esté acompañado exclusivamente con los miembros dela familia más próximos a los invitados, (hoy son unos amigos de Shabu y míos) mientras el resto come aparte y después. Así es la hospitalidad saharaui. 

La noche del 27 salgo en la caravana que nos lleva al aeropuerto de Tinduf. En este viaje no he visto monumentos, pero sí una sociedad monumentalmente acogedora. La morriña me durará semanas.























domingo, 7 de junio de 2015

Bujdur. Cosas de casa



26.03.2015
Mañana por la noche se acaba mi viaje y aún me queda un montón de cosas por dibujar. Vine con la idea de que de que en esta tierra inhóspita, donde nunca los saharauis habrían plantado sus jaimas, había mucho que disfrutar, porque lo hay en todos los sitios. Y eso aquí se relaciona siempre con las personas, con las familias. La forma en que la gente trata los objetos es lo que da a un sentido estético a todo lo que les rodea.
Las ascuas de carbón son fundamentales para el té, porque mantienen el agua a una temperatura adecuada durante el largo tiempo que dura la ceremonia. Pero no imaginaba que en las casas se preparan con butano, en una especie de badiles agujereados, como nuestras sartenes de castañas.
Otra observación que me seduce es la forma de presentar el plato común de la comida, rodeado de trozos de pan. Porque el pan, junto con el uso directo de la mano derecha, son los cubiertos de los comensales. Así cada uno tiene lo necesario para la sección de plato que le corresponde. Me gusta mucho la gracia con que lo disponen. Y Ahmet, con su elegante darráa entre las cabras. Alguien me ha dicho que en Mauritania no se quitan el darráa ni los mecánicos de coches. Y os aseguro que es una prenda nada fácil de llevar.
La actitud libre y relajada en la gaitun ya la había dibujado, pero ahora quiero hacerlo con mi familia anfitriona. Aziza, Shabu y el tío de ambas, descansan a su aire después del desayuno.
Acaban hoy mis apuntes con otra cosa que siempre me llamó la atención y hoy, por fin, entiendo esa especie de corral de cabras, pero sin ellas que tienen cerca de la jaima. No, no es un corral. Es un almacén abierto en plena calle. Lo entiendo ahora que están poniendo y quitando bártulos y herramientas, en una panorámica en la que puedo mostraros la disposición de la jaima, al completo: De izquierda a derecha, la gaitun, la daar, el enorme remolque-contenedor que usan de almacén, la caseta del baño y el corral de cabras, allí, pequeñito.  
Ahmet me dijo en una ocasión que allí nadie coge lo que no es suyo. Puede que no sea cierto siempre y al cien por cien, pero es lo habitual.





sábado, 25 de abril de 2015

Visita con cuscus, Carrefour y Michelin



14/03/2015
Salma nos invita a comer. Es la amiga de Shabu que retraté en Smara, su wilaya. La de la izquierda en el link. Una chica con buen sentido del humor. Tengo la oportunidad de asistir a la preparación del cous-cous. La madre y amigas y familiares cantan mientras lo trabajan. Me explican algunas cosas. Las cribas y otras cosas que no retengo, porque estoy centrado en el encaje de la escena. Y es que me parece preciosa. Allí, en un pasillo que han convertido en una capillita del arte culinario. Del mejor. Del tradicional.
Yo no lo como porque no me va muy bien el gluten. Pero me ha encantado el proceso.
La siesta es digital. Mientras Salma mima a su hermanito, las chicas están a su whatsapp y yo, después de anotar el momento, aprovecho también para trabajar la parte digital de este proyecto.
A Fati la retraté también en Smara. Ahora acaba de llegar a casa de Salma y me dice, con razón, que no se reconoce en aquel retrato. Así que lo intentamos de nuevo, con serenidad. Le hago una foto posterior para mostrarle que esta vez, sí. Pero no os la enseño porque no quiero que nadie “revalide” el dibujo a partir de la foto. Me hace sentir que lo disminuyo de categoría.
Paseamos un rato al encuentro de otro par de tiendas curiosas. El Carrefour y el Michelin de Smara.






jueves, 16 de abril de 2015

Picnic en el desierto



09/03/2015
Acompaño a Shabu a recoger su diploma por el curso de celiaquía que ha hecho en el hospital de Rabouni. Después del acto, los participantes en el curso organizan una comida en la zona de Sabti, a la que estoy invitado. Es mi primera experiencia en pleno desierto. Lo primero que aprendo es que allí hay zonas con árboles. Simplemente, no había caído en esa posibilidad.
El jamal  que eligen da una sombra magnífica. Un enrejado combina deliciosamente la brisa y la sombra.  Las chicas se han puesto a hacer la comida mientras el coche que nos ha traído vuelve con la remesa de chicos. Hay quien se da una vuelta por las llanuras arenosas hasta otro majal, supongo que gozando la libertad del desierto. A mí me aconsejan que no me aleje solo. Y me pongo a observar al grupo bajo el árbol. Luego me acerco a los chicos mediante el dibujo. Los saharauis son muy amables, pero de entrada suelen mantener un punto de reserva. Les gustan mis retratos y hacen bromas. Luego hemos comido arroz con camello (su carne preferida).
Las chicas van a pasear hasta sombra próxima mientras unos chicos recogen y otros dormitan la siesta.
Luego ha venido el té. Amrabih airea el carbón, mientras el agua se calienta en otras ascuas.
La última fiesta visual es la gasolinera en la que repostamos al volver.