Mostrando entradas con la etiqueta Budjur. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Budjur. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de abril de 2015

Asam: “bautizo”



07/03/2015
Volvemos a Smara, porque a la semana exacta de un nacimiento se pone nombre al bebé, en algo que equivaldría al bautizo cristiano. Pero aquí no hay tinte religioso. Solo una especie de sortilegio ritual. Hay previstas tres opciones y es la suerte la que determina cual será el nombre elegido:
En un bol de leche, tres ancianas meten sendos “rosarios”, cada cual con una ramita de hierbabuena. A cada par (rosario+hierbabuena) se asigna un nombre elegido por los padres. La madre elige entre el par de la derecha, centro o izquierda y el nombre queda establecido con el “tzagait” o grito saharaui.
Luego los hombres se reúnen en un sitio y las mujeres en otro para comer. A los hombres nos tocó el gaitun (tienda) de la jaima (casa). A las mujeres las veo cocinando en otro sitio, pero solo de pasada. Y tampoco asisto al rito del Asam, porque me entero después.
Antes de la comida pasamos un largo rato relajados en esta especie de chill-out ancestral que es el gaitun. Alguien hace el té y los demás charlan, duermen o descansan. Cada cual a su aire en completa libertad. Eso me encanta
Como siempre empiezo a dibujar y, claro, empieza la expectación. A diferencia de las mujeres, los hombres son más ruidosos, más guasones, se ríen abiertamente del parecido y yo qué sé qué cosas más. Alguno me coge el cuaderno en pleno proceso y se pone a examinarlo, incluso a pasarlo a otros. Y comenta. Pero son siempre amables y todo acaba con gestos de aprobación, de complicidad. No falta quien se muestra discreto y distante ante el hecho de aparecer en el dibujo, yo creo que escudándose frente a la guasa de los colegas o familiares.
Y así llega la hora de comer que tiene de preámbulo el examen final del cuaderno y la siempre cortés aprobación.
Pasada la comida (y la siesta, qué gozada!) observo que en el edificio de enfrente hay hombres de tertulia. Pregunto. Resulta que los mozos y hombres de mediana edad (digamos hasta los 30-40) se reúnen en un espacio aparte. Curiosas costumbres. Pero es que así en grupos no muy numerosos, todo el mundo resulta muy asequible.
De vuelta en Bujdur, por la noche, visitamos a Meri y sus hermanas. Tienen una buena casa en la ciudad de Tindouf y aquí pasan temporadas. No sé si ocurre en el resto de Argelia, pero me cuentan que en Tindouf no puedes comprar la casa sino la llave. Es decir,  solo el derecho de uso.
Encantadas con ese triple perfil. Y yo también con su paciencia.




sábado, 14 de marzo de 2015

El sacrificio


28/02/2015
Ahmet, el padre de Shabu, celebra mi llegada matando un cabritillo. Aunque soy medio vegetariano, agradezco mucho el honor que me rinden y asisto a la matanza. Hay que echar a un lado los escrúpulos de quienes, como yo, como nosotros, vivimos con la sensación de que lo que no se ve no existe. Un refinamiento hipócrita. Ahmet sujeta al cabrito mientras lo degüella de un tajo y el animal se revuelve durante un minuto escaso. Jamudi ayuda  a sostenerlo y Aziza limpia las paredes salpicadas de sangre.  Mientras lo desollan, observo el vacío en su expresión. No hay rastro de pánico. Ni siquiera de dolor. Solo la huella de la agonía, de la vida que se escapa y que poco a poco, deja un semblante neutro, atónito. Estoy muy conmocionado, pero no siento horror, no tengo mala conciencia y sí una gran compasión. Hay mucha verdad en este acto sencillo y aquí, en el desierto, necesario.



jueves, 12 de marzo de 2015

Maru u hut

27/02/2015 De vuelta en Bujdur, Fatma, amiga de Shabu, nos ha invitado a un “maru u hut” (arroz con pescado de río) que ha preparado Fala, su madre, al estilo mauritano. Delicioso. Esta familia parece proceder de alguna dinastía especial. No es solo lo guapos que son todos. Es también su porte y ese saber que algunos llevan dentro, aun no siendo del todo conscientes de lo que han heredado.
Fatma nos ha acompañado a casa. Y allí hemos estado todos un rato, en mi cuarto, que en realidad es el salón de la daar o zona de adobe. También ha acudido Jalima, la hermana pequeña de Shabu, una niña tierna y encantadora. Mientras Shabu y Fatma curioseaban la tablet, le he pedido que posara para un retrato. Hay una gran honestidad en su mirada y en su corazón.
Luego he estado observando las cabras de la familia. No las explotan vendiendo su leche o haciendo quesos, pero son para ellos, un fondo de despensa. Y también una especie de capital de reserva. Un acontecimiento, como la llegada de alguien que se quiere celebrar, puede ser el motivo para sacrificar una cabra. Y también su venta resuelve una necesidad económica, cuando las circunstancias lo requieren.